Principio, medio y final, los tres actos

Así se plantea en la Poética de Aristóteles y así le llaman los guionistas de Hollywood.

Asimismo, este despliegue en tres actos tiene la misma utilidad para hacer una presentación de negocios, organizar cualquier tipo de contenidos, y prácticamente para cualquier tipo de comunicación.

 

¿Propuesta de valor o “razón de ser”?

Analizaremos esta estructura asociada también a la formulación clásica de la propuesta de valor de cualquier empresa, su Visión, Misión y Valores.
Cambiemos aquí ‘Propuesta de Valor’ por ‘Razón de Ser’. Visión, Misión, Valores sería entonces quiénes somos, qué ofrecemos y para qué sirve. Así empezaremos a entender mejor la narrativa de tu marca u organización.
Pero también esta estructura, esencialmente narrativa, sirve incluso para desplegar una mejor presentación en PowerPoint —en lugar de una aburrida descarga de datos— para construir entradas anecdóticas en una plática ante cualquier audiencia, e incluso para recoger en una sola imagen, una propuesta publicitaria, siempre que esta se acompañe de las palabras adecuadas.

Protagonista y reto

En toda historia se nos presenta inicialmente un personaje protagónico y una situación a resolver, un reto a enfrentar. La decisión del protagonista de la historia de enfrentar el reto lleva a una lucha o confrontación, obstáculos a vencer, antagonismos o antagonistas a enfrentar. Al final de esta lucha, trama, o conflicto, hay un resultado o resolución y un
mensaje, un aprendizaje, descubrimiento o moraleja.

 

De acuerdo con diferentes maestros, épocas, contextos, tipos de historia y público objetivo, la manera de referirnos a estos tres actos puede variar pero es muy difícil imaginar una historia con un despliegue diferente.

 

 Despliegue en tres actos

Este despliegue en tres actos se nos podría presentar, e incluso tener un matiz diferente, como:

Reto, Lucha, Resolución
Planteamiento, Desarrollo, Conclusión
Personaje, Conflicto, Mensaje.
Antecedentes, Despliegue, Conclusión.

Y muchas otras formas diferentes. Pero sin importar cuál terminología usamos, o qué historias contamos, el despliegue en tres actos es la estructura básica mínima de cualquier historia.
También la regla de tres —como el número mínimo que establece un patrón— es parte de la estructura de toda narrativa, y su uso tiene implicaciones en el ritmo y el orden en que se despliegan los acontecimientos en la narración. Hay una razón profunda, universa, en este patrón, y más adelante mostraremos con múltiples ejemplos cómo funciona.


Este contenido forma parte de nuestro curso de storytelling en línea. Te invitamos a revisarlo.

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