Este artículo te va a interesar más si eres escritor o tienes la intención de serlo


¿Por qué terminé publicando todos mis libros en Amazon?

Cuando subí mi cuarta novela a Amazon en 2011 no tenía ninguna expectativa de ventas, sino todo lo contrario. Pero con la publicación de Storytelling: contar historias con propósito, todo eso cambió: quería que mi libro se vendiera, que fuera negocio.

En 2011 todo lo que yo quería era subir mi obra a Amazon y olvidarme de ella. Tenía nuevos libros que escribir; lo que pasara con el cuento ya contado no era asunto mío. Entonces, entre otros prejuicios, todavía compartía esta visión de  que una vez que entregas un libro a una editorial, deja de ser tuyo. 

Esa postura, al menos en mi caso, es parte del mito romántico del escritor. Un ser solitario que, además, tenía que pasar hambre y frío y sacrificarlo todo, y mejor aún si moría en la pobreza y luego de su muerte todos reconocían su obra y adquiría una fama póstuma. Siempre me agradó esa imagen casi mítica del héroe solitario e incomprendido, el poeta maldito, la buhardilla parisina. 

 

Pero cuando concebí y publiqué mi último libro en 2021 había transcurrido una década. Y las cosas habían cambiado mucho, en mi vida y en Amazon. Ante todo, el nuevo libro, Storytelling: contar historias con propósito era un libro diferente, no era una ficción literaria, sino casi un manual para mis alumnos y talleres y quería que todos lo leyeran. Era importante que el libro tuviera una gran aceptación. 

 

 Adicionalmente, el entorno de Amazon también había cambiado. Mientras que en el 2011 la autopublicación era cosa de autores desechados por las editoriales, en el 2020, según datos del propio Amazon, cuarenta de sus cien libros más vendidos eran de autores autopublicados. 

 

De cualquier modo, mi caso no era típico. Yo había llegado a Amazon por la vía de la frustración y el desencanto con la industria editorial. Más que desechado, era un despechado. Y no era menor mi sesgada visión de la creación literaria y la relación con el lector. 

 

Hace una década, no solo mis prejuicios me limitaban de ver la escritura literaria como un negocio; también el hecho de publicar mis tres primeras novelas con editoriales reconocidas había sido decepcionante por muchas razones. La primera de todas era precisamente que a las editoriales le importan los dos o tres escritores muy famosos que las mantienen vivas. Los demás solo engrosamos su catálogo. La segunda es que ganar premios literarios y publicar en esas grandes editoriales no significa que a los lectores vaya a importarle. Y la tercera (que en esos momentos para mí era totalmente irrelevante) es que que no te ibas a hacer rico escribiendo libros, que los Harry Potter y los Juegos de Tronos eran la excepción y no la regla, la aguja en el pajar.

 

Ganaba más que suficiente como editor de revistas. El relativo éxito como escritor hasta esa fecha solo había venido a confirmar lo que ya sabía: que la escritura literaria no era negocio

 

Y tampoco debía serlo si de verdad respetaba la esencia de lo que significaba para mí ser escritor y el mundo en el que me había formado. Hasta el día de hoy meterse con ese tema puede ser un campo minado y el centro de acaloradas discusiones con argumentos de un lado y del otro. Si escribes por dinero, olvídate del arte. Los bestsellers son pura porquería. Es complejo, pongámoslo así por ahora: el arte y el mercado del arte son cosas muy diferentes, y a veces se contraponen abiertamente.

 

El asunto es que publicar con un sello editorial de prestigio no sirve de nada de cara al lector. Por otra parte, mis editores en Planeta o Alfaguara, supuestamente, se encargarían de hacer todo lo necesario para que el libro llegara por lo menos a las librerías. 

 

Cuando presenté Voyeurs, mi tercera novela, en la feria del libro de Miami en 2004 la condición que puso la editorial Alfaguara  para que pudiera exhibir mi libro en su stand (a pesar de que la novela había sido la candidata de México a su premio ese año) fue que yo asumiera los costos del viaje y llevara los libros. Era evidente que la cantidad de ejemplares que iba a vender no costeaban ni siquiera mi boleto de avión. No era negocio. 

 

Publicar en Amazon es diferente, para empezar no es una editorial, solo una distribuidora y un canal de ventas. Me di cuenta, cuando empecé realmente a interesarme en serio en este asunto (o sea, el año pasado), que había una diferencia significativa entre lo que yo había hecho en el pasado y lo que tenía que hacer para generar interés sobre mi obra.

 

Lo más obvio y lo primero es: tienes que convertirte en tu propio promotor. Así, en el 2021 me enteré finalmente de que lo primero después de publicar tu libro es que la gente se entere de que existe. Tienes que llevar a tu público hasta tu obra y no lo contrario. 

 

Solo en Amazon hay millones de libros y se publican cientos por hora. ¿Por qué habrían de notar siquiera la presencia del tuyo? 

 

Si quieres que el mundo sepa de ti o, mejor, de tu obra, adelante, Amazon, Internet y las redes sociales te dan muchas herramientas, es tu decisión si quieres invertirle y cómo. 

Los escritores repetimos aquello de que un libro es como un hijo. Suena bonito. Pero muy pocos actuamos en consecuencia. A un hijo no lo traes al mundo y lo dejas a la buena de Dios para que crezca solo. Tienes que darle amor y ocuparte de él si aspiras a verlo crecer y llegar a la madurez. 

 

No es diferente con los libros y menos hoy. La competencia por la atención del lector es más feroz que nunca. En ese sentido, Amazon presupone un aprendizaje y un esfuerzo extra de parte del autor. No, no basta solo con escribir el libro. Hoy me resulta tan obvio, que me pregunto en qué estaba pensando cuando publiqué dos novelas de una trilogía en Amazon, anuncié con bombo y platillo la inminente llegada de la tercera, y luego hice todo a un lado y me dediqué a otra cosa. 

 

Pero la realidad es que yo sé en qué estaba pensando. Crecí como escritor escuchando la cita de José Martí como mantra: “Ganado tengo el pan, hágase el verso”. O sea, escribir siempre sería algo que harías una vez que hubieras terminado tu trabajo. Además, escribir por amor al arte no te va a dar de comer, así que te vas a tener que dedicar a otras cosas que te quitarán el tiempo y la concentración que necesitas para hacerlo.  

 

Existe una postura muy diferente al respecto y es la siguiente: para que algo sea negocio, primero tienes que verlo tú mismo como negocio. Y si quieres que la gente hable de tus libros, o de tus zapatos, o lo que sea que te gusta hacer o el servicio que ofreces empieza tú mismo la conversación. Parece obvio ¿no? 

La primera vez que le oí decir algo así a un escritor que yo respetara fue al autor de Desayuno en Tiffany’s y A Sangre Fría, Truman Capote. Y no fue hasta que leí On writing; A Memoir of the Craft, de Stephen King, que ví esa realidad desde una perspectiva diferente: si quieres que la gente compre tus libros, sal tú mismo a venderlos. Fue el consejo que le dio su madre, su primera lectora, quien le compró su primer cuento por un dólar.

 

En el año 2018 anuncié a un cliente que llevaba años contratando mis cursos que estaba a punto de terminar el libro de referencia. En realidad lo que llevaba escrito era el e-book de un curso impartido para Bimbo. Así que cuando en el 2019 me invitaron de nuevo, me pidieron también  sesenta copias del anunciado libro para regalar a los participantes en el seminario. 

 

Llegué con las manos vacías. Le había fallado a mi público. Pero no era la primera vez. Cuando publiqué Barcos que se cruzan en la noche en Amazon en 2011, ya había terminado una primera versión de Kali la oscura, que publicaría en 2013. Con la publicación de la segunda, anuncié para quien quisiera escucharlo que con Cábalas concluía la Trilogía de la Isla Grande y que la última novela saldría en 2015.

 

Pero en 2014 impartí mi primer curso de storytelling y se abrió una puerta. Varia$. Puerta$. Metí el manuscrito de Cábalas en el cajón e hice de nuevo a un lado el verso para ganarme el pan. Con mi primer libro sobre el tema de storytelling cambió la cosa. Hice cuentas y comenzó a asentarse una nueva pregunta: ¿Estaban tan peleados el pan y el verso?, ¿de verdad había que renunciar a uno para acceder al otro? Fue ese público que asistía a mis cursos y talleres de storytelling el que me inspiró y casi me exigió escribir y publicar Storytelling: contar historias con propósito en 2021. 

 

Porque fue precisamente compartir mi experiencia como lector, escritor y como editor con tanta gente, que a su vez tenía tantas preguntas, lo que me llevó a impartir cursos de Storytelling. Y me dio las armas para ello. Y fue también esa nueva audiencia, frente a frente, la que me permitió abrirme a ese diálogo con tu público y a entender el valor que aporta.

 

Fueron los participantes en mis cursos y talleres quienes me dijeron: Hace falta ya que escribas tu libro, no es un hobby. Tu historia tiene un claro propósito, un devenir y un mensaje. Es vital para tu negocio. Y ayudarás a otros, a muchos, a visualizarse ahí. Así que no solo tienes que escribirlo, sino salir a venderlo, y que todos se enteren. Lo del ser solitario y el escritor aislado del mundo ya no te va. Muévete. Y mucho menos te atrevas a regresar el próximo año con las manos vacías. 

Andrés Jorge
Andrés Jorge

Andrés Jorge es autor de cinco novelas. Ha sido director editorial de National Geographic en Español y Reader’s Digest. Imparte cursos y talleres de periodismo narrativo y creación de historias. Storytelling, contar historias con propósito es su último libro publicado. ​

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