¿Para qué escribir un libro más en estos tiempos?

Unas noches atrás, mientras veía un animado debate sobre Dios y la religión entre Jordan Peterson y Sam Harris, me llegó una respuesta a una pregunta que desde hace tiempo me vengo haciendo. ¿Para qué escribir un libro en esta época?

Ya nadie lee. Desde que nací estoy escuchando esa frase. Y, por supuesto, ya está integrada al inconsciente colectivo de un modo u otro. Ya nadie lee, en realidad, lo que quiere decir es ya nadie lee libros. Y hoy tiene más sentido que nunca. 

Sin embargo, tanto Peterson como Harris han escrito más de un libro, ambos con un éxito extraordinario. Jordan Peterson, en particular, ha vendido varios millones de copias de 12 Rules for Live: An Antidote for Caos

Cabe mencionar que incluso en el siglo diecinueve, y hasta finales del veinte, cuando la lectura calificaba todavía como una gran forma de entretenimiento, incluidos periódicos, revistas, panfletos de todo tipo, los lectores siempre han sido minoría. Dentro de esa minoría, hay todavía una exigua minoría de personas que leen libros completos. No hace falta big data aquí. Basta con mirar a nuestro alrededor donde quiera que estemos, en cualquier sala de espera, en el metro o en un aeropuerto. Lo hice muchas veces antes de que hubiera teléfonos celulares y tabletas. En un avión; haces como que vas al baño y sal en busca de lectores

Si descontamos los manuales de espiritualidad enlatada de las grandes religiones, que no se leen por entretenimiento, sino como un deber de algún tipo en busca de la redención (lo que eso sea), seguimos restando lectores reales de libros. No es que la Biblia o el Corán no lo sean, pero sus lectores pertenecen a otro orden, la mayoría solo están interesados en (lo que están convencido es) la palabra De Dios, no de otros seres humanos.

Y eso me devuelve al debate inicial entre Peterson y Harris sobre Dios y la religión. Un buen pre-texto, lo que precede al texto y la idea original: por qué escribir un libro cuando estamos cada vez más convencidos de que nadie lee… libros.  Peterson y Harris son grandes comunicadores, y han descubierto que “debatir” en Youtube es una manera de abundar sobre los temas de su interés, llamar la atención de un público mayoritario y, casi como consecuencia marginal, vender más libros y ser autores aún más reconocidos de lo que ya son.

Soy un seguidor de ambos. Sin embargo, después de un primer debate, el segundo empezó a adquirir un tufillo a batallea de egos y me aburrió hasta el punto de dejarlo. Me quedé con la idea, ahora sí: mejor leo sus libros. Y esto fue lo que descubri, como escritor, como autor, como lector desde niño sé que no hay nada más inmersivo hasta hoy que la lectura de un libro. Incluso, de papel. 

Cuando lees solo tú y el libro, hasta donde alcance hoy y al rato sigues, ya sea que lo dejes y lo retomes y vuelvas sobre él en un año o que lo olvides para siempre, se establece una relación profunda con lo que lees. Y si el estilo del autor te llega, y el tema y su forma de abordarlo te interesan lo más probable es que vayas por más. 

Eso sin que su línea de pensamiento esté constantemente interrumpida por la presencia de un interlocutor, que es lo que pasa en estos debates. Los panelistas no están dejando fluir sus ideas, están contestando a la línea de pensamiento que trae el otro, y eso no permite una exposición en profundidad de nada, porque la interlocución genera distracción en el mensaje y distorsión en el discurso. 

Y eso es exactamente lo que cesa cuando tomas en tus manos un libro. Quieres leer, quieres saber, el autor mismo deja de estar. Puedes cuestionarte, aceptar o asombrarte de sus planteamientos, pero vas a dejar que siga hablando, que sigua exponiendo y llevándote de la mano hacia donde quiere llevarte. Hay un acto de complicidad, de aceptación. Y, por supuesto, de inmersión. 

Así como en la vida tenemos pocos verdaderos amigos, amores, un grupo muy reducido de seres humanos que eligimos y nos eligieron, los verdaderos lectores van a seguir siendo una exigua minoría, y los libros van a seguir siendo la única manera en que esa exigua minoría elija ese momento único contigo, para escucharte solo a ti. Aún si lo menos que le importa en el mundo eres tú mismo. 

Quiere escucharte, quiere escucharse. En definitiva, lo que importa es lo que aportas a sus vidas, verse reflejados. Y nada como un libro para entregar un compendio de tus aportes, de tus ideas, de tus valores, de lo que consideras esencial y de lo que vale la pena hablar con tus amigos, amores, lo que sea que te motiva compartir con otras personas.

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