Si todo el resto es relaciones públicas, haremos relaciones públicas.

Si lo demás es publicidad, apliquemos la fórmula de que la publicidad es demasiado importante para dejarla en manos de las marcas. Que no sea Coca Cola quien nos diga qué es bueno, ni cómo “destapar la felicidad”.

La publicidad es demasiado importante para que solo alcaldes y gobernadores en México puedan pagarla, con sus cuantiosos y convenientes convenios  que sostienen al 90 % de los periódicos locales en México.

Las relaciones públicas son demasiado relevantes para hacerlas en nombre de otro, para otro, por órdenes de otro. Hoy parece que el axioma de Orwell aquel de “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas” tiene, también, una lectura más profunda: no te vendas.

De acuerdo con este criterio, ser periodista significa ser incómodo, mal intencionado, buscar lo negro y lo oscuro de las cosas, y encontrarlo, siempre.

E ir al fondo de las cosas es, siempre, según esta fórmula, es buscar y hallar lodo. Y si encuentras arena blanca, entonces no tienes noticia que dar.

Aunque la vida no sea así, aunque hallar arena blanca en el fondo nos hagas más felices y querramos salir a la superficie para gritarle a los amigos: ¡Aquí está bien!

El periodismo tradicional hoy, el de los periódicos impresos, que nos manchan los dedos de tinta, la mente de horrores, y el alma de duelo, es algo escrito por infelices, sobre infelices, para infelices.

Lo contrario, ya lo dijo Orwell, es relaciones públicas. Eso implica que si como periodista tienes la impresión final que en algo hay las mejores intenciones, honestidad, un buen hacer, debes retirarte a tiempo antes de caer en la tentación de alabar la labor de un rico, de un empresario, de un emprendedor.

Todos los seres humanos queremos ser ricos, de una manera u otra, pero cuidado, solo seremos buenos a los ojos del mundo mientras seamos pobres; si un día accedemos a la riqueza, eso nos hace en automático malos, jodidos, hijos de puta.

Y si hablamos bien de los ricos, los periodistas estamos cavando nuestra tumbas, habremos perdido toda credibilidad, piso, todo sentido de la ética  y su razón de ser: denunciar, criticar, denostar.

El periodismo tradicional hoy solo vive de las miserias humanas. Si no se trata de una mala noticia, no es noticia. En México, además, si es buena noticia, o que habla bien de algo o alguien, es publicidad pagada por el gobierno.

Pues si queremos ser revolucionarios, diferentes, hagamos un periodismo afirmativo: un periodismo que saque a la luz todo el heroismo que conlleva el diario vivir en un mundo así, un periodismo sobre lo bien hecho, sobre seres que se levantan todos los días a hacer su trabajo, a criar a sus hijos, a enseñarles a vivir.

Hagamos un periodismo sobre lo bien hecho, y si nos pagan por ello, mejor.

Hagamos un periodismos sobre lo que se puede hacer mejor, y si nos pagan mejor, mejor.

Hagamos un periodismo que alguien agradezca

En cualquier caso, hay que tener más ética para hacer periodismo afirmativo que para hacer lo que se hace hoy.

La pregunta es: ¿Es justo eso de ‘no vendernos’? ¿Qué significa en realidad no vendernos?

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