Hemos explicado hasta el detalle cómo se cuenta una historia. O sería mejor decir, cómo se cuentan las historias en general, y en específico lo que llamamos storytelling, enfocado a promover empresas y negocios, desde la estructura básica en tres actos hasta el despliegue en nueve partes o movimientos. Se dice que una golondrina no hace verano.

Así mismo, contar una historia nos puede servir para motivar a un público presente o transmitir un mensaje, pero como organización o empresa, incluso como marca persona no queremos transmitir un solo mensaje. Tenemos una razón de ser, pero podemos tener diferentes productos y servicios, llegar a diferentes públicos y avanzar hacia nuevas metas. Es importante que nuestros mensajes se integren de manera coherente, consolidada y planificada en una estrategia de contenidos.

En storytelling no contamos historias como ocurrencias, como anécdotas aisladas, o para “desplazar producto”. Para esto último, por cierto, sigue existiendo la publicidad tradicional. Contar historias integradas en una estrategia de contenidos significa que cada historia y su mensaje estén alineados con uno o varios propósitos centrales para tu marca o negocio, y buscan generar empatía y una relación de largo plazo, a nivel humano, con tu audiencia.

Contar una historia nos puede servir para motivar a un público presente o transmitir un mensaje

Cuando hablamos de crear contenido relevante para tu público, entendemos por relevancia aquello que aporta valor a la vida del cliente, que de algún modo encuentra un espacio en su estilo de vida, ya sea un cereal, un café, leer un libro, hacer deportes o ir al cine.

AJ

Nuestras historias deberían estar ahí para acompañarlo en esos espacios, hacernos presentes, porque las historias no solo son una herramienta de persuasión, también se quedan más tiempo con nosotros y conectan de otra manera con la audiencia, nos hacen eso, relevantes. Las necesidades e intereses humanos son muchos y muy diversos. De igual manera cada empresa u organización tiene historias únicas que contar, que tienen que ver con los servicios que provee, el tipo de público al que se dirige y la circunstancia, medios y canales por los que se comunica con su público objetivo.

Todo esto incide en la manera en que se cuenta la historia, el énfasis en el mensaje, los acontecimientos que integra, e incluso el tiempo que tomamos de la audiencia para mantener su atención e interés hacia lo que le queremos decir. En cualquier caso, cuando hacemos eso que llamamos storytelling, o sea, contar historias con propósito, lo más importante es nunca olvidar el propósito.

¿Por qué y para qué estamos contando esta historia? ¿Qué aspiramos a obtener con ello? ¿Qué reacciones esperamos de nuestro público? ¿Cómo contribuye mi historia a fortalecer los vínculos con mi audiencia, a mi identidad y objetivos de negocios en el mediano y largo plazo?

Este contenido es parte del curso de storytelling en línea. Te invitamos a revisarlo.

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