En toda historia bien contada, sobre todo en el ámbito que nos compete, la comunicación de negocios, el cierre casi siempre contiene estos tres elementos o partes. Un resultado: lo obtenido, lo alcanzado: una revelación, lo aprendido, lo que descubrimos, la reflexión, la experiencia compartida; y un mensaje, la invitación a la audiencia a vivir y compartir la experiencia ellos mismos, ser parte de, interiorizar y hacer suya la historia.

Así pues, aquí van estas tres partes del cierre con un poco más de detalle: Resultado Lo que se logra u obtiene al final, ya sea la meta de una persona, de un equipo o de una organización, el resultado nos deja a las puertas de un nuevo estado de cosas. Si hacemos una presentación contando cómo iniciamos el negocio con una tiendita y tres repartidores, este es el momento de soltar amarras, ‘abrir los números’, hoy tenemos tantas sucursales, tantos miles de entregas en el día, tantos millones de seguidores, etc. El número, el dato, tendrá ahora todo el sentido, porque está detrás la historia anterior. Mostramos para demostrar.

No todas las historias terminan en un resultado tangible: logramos esto, a veces lo que se comparte es solo la experiencia vivida, lo aprendido. El tesoro simbólico de las películas no tiene siempre que ser de oro, puede ser un conocimiento, un aprendizaje que impactará en nuestra vida y probablemente en la de otros.

Revelación

Contamos una historia para compartir algo más que un resultado, más bien queremos hacer énfasis en qué nos dejó ese resultado.La revelación es esa reflexión final, la constatación de un nuevo status quo, del descubrimiento que hicimos a través del relato. De un modo u otro, toda historia termina aquí, en ese momento en que nos hacemos conscientes del valor de lo contado, en que compartimos realmente en qué consistió la experiencia más allá de los hechos en sí, de la anécdota, o de la situación enfrentada.

Esta reflexión final, cómo se nos presente, es el cierre forzoso de la narración, contiene el mensaje en sí, aunque no lo declare aún del todo, o no involucre a la audiencia hablándole directamente.

Mensaje

La revelación y el mensaje están tan conectados como pueden estarlo el reto y la respuesta inicial del protagonista (nudo), o el desenlace y el resultado (clímax), pero hay un matiz diferente.

El mensaje enfatiza la revelación y busca involucrar a la audiencia en una llamado a la acción. No es la reflexión del protagonista, sino lo que sigue: la invitación expresa el llamado a la acción a la audiencia a vivir por sí mismos una experiencia similar, o a compartir la historia, o que haga consciente del modo que sea que la historia es suya, lo reta, lo involucra, que el llamado inicial a la aventura del personaje ahora es un llamado a la acción dirigido a ellos.

Así, es fácil distinguir en las historias de Steve Jobs en Stanford cómo al final de cada uno de los tres relatos deja de hablar de sí mismo y su experiencia de vida y se vuelca a la segunda persona, o sea, le habla directamente a la audiencia: debes hacer esto, debes hacer aquello. La revelación es lo que aprendemos con el personaje de la historia, el mensaje es aquello con lo que su emisor (la marca, la organización, el narrador) quiere que nos quedemos. Y nos llevemos a casa.

Este contenido es parte del curso de storytelling en línea. Te invitamos a revisarlo.

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