En otros textos hemos explicado cómo el planteamiento en tres actos o etapas —principio, medio y final— termina por desplegarse en un arco dramático en cinco partes o movimientos: introducción, nudo, confrontación, desenlace y resolución. Pero el nivel de detalle al que queremos llegar es una estructura que llamaremos aquí 3×3+1.

Tres actos que a su vez se despliegan en tres etapas cada uno, más un propósito que está más allá de la historia, que puede ser personal u organizacional, pero que siempre determina cómo se despliega la narración hasta el mensaje.

La mayoría de las veces el propósito se oculta detrás de la historia, y solo se hace evidente para quien lo conoce, para quien se propone contarla y tiene un por qué y un para qué, no necesariamente declarado a la audiencia.

El ritmo es esencial en una historia; mantener el interés y una atención sostenida, o cuando menos concentrada en lo que ve y escucha tu audiencia, es fundamental para llevarla contigo hasta el mensaje final. La estructura en 9 pasos es, pues, una suerte de rutina, como si de un baile se tratara, que nos mantiene conectados por el ritmo de la música. Esta secuencia completa de pasos y movimientos cierra el ciclo del relato de principio a fin.

Nos planteamos una variante de la regla de tres. Cada acto contiene a su vez una acción inicial, una transición o intermedio y una acción final. Al terminar el despliegue del primer acto inicia el enfrentamiento, que terminará al final del segundo.

Hay un movimiento de acción-reacción, de abrir-cerrar, de sístole-diástole en las historias, un latir, así como el corazón, que mueve el interés y las emociones de la audiencia hacia adelante. El planteamiento de la estructura en 9 partes es como sigue:

Acto 1: El personaje enfrenta un reto. Primero: Se presenta un personaje en un entorno o contexto. Segundo: Surge una situación que generará un desequilibrio en el entorno. Tercero: Un hecho o circunstancia concretos plantean la necesidad de enfrentar el reto.

Acto 2: El personaje lucha por vencer el reto y alcanzar una meta. 4. Hay una acción inicial de respuesta al reto. 5. De esta acción deriva un enfrentamiento, una serie de obstáculos a vencer o avances. 6. Los avances o acontecimientos llevan a un desenlace.

Acto 3: Se alcanza la meta y se obtiene un resultado 7. El desenlace nos deja a las puertas de un resultado: lo alcanzado, lo obtenido. 8. El resultado nos deja una reflexión, un mensaje 9. El mensaje se traduce en un llamado a la acción que involucra a la audiencia.

Al final de la historia, antes y después, hay un propósito concreto. La historia puede ir dirigida a un público específico, transmitirse en un canal concreto, y eso determinará en buena medida la manera en que se construye y el énfasis que se pone en el mensaje final.

El propósito, ese décimo elemento oculto en toda historia, es de vital importancia en tanto se circunscribe a un universo de historias que estarían integradas en nuestra estrategia de comunicación de marca y nuestro contenido.

AJ

Este contenido es parte del curso de storytelling en línea. Te invitamos a revisarlo.

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