El cierre de un relato es esencial para que se quede con nosotros. Hay cierres brillantes que levantan una historia que hasta ese momento no parecía ir a ninguna parte. Pero también hay cierres que echan a perder la historia, la dejan ir, la banalizan o se sienten forzados.

Esto último ocurre quizá demasiado porque queremos dejar un mensaje que no ha sido construido paso a paso a través de la historia. Es lo que hacen muchos comerciales. Y cuando eso sucede, las historia se pierde y nos pierde.Así que pensemos en el final para nuestra historia. ¿Qué debe contener?

Se ha dicho muchas veces que la historias se escriben de atrás hacia adelante. Esto no quiere decir que empecemos escribiendo el final; ése es un mito como otro cualquiera.

Lo más común es que escribamos una historia hasta el final, y luego, una vez que tenemos ese final muy claro, volvamos sobre el relato y modifiquemos, sustituyamos o de plano eliminemos partes que ahora no están totalmente alineados con nuestro mensaje final. 

Y así es como debe ser. ¿Por qué? Porque muchas veces el mensaje verdadero de la historia no se nos revela hasta que la historia es contada en su totalidad.

Podemos saber desde el inicio el propósito de la historia, por qué queremos contarla, “la idea controladora”, el objetivo final, y aún así la historia se nos escapa una y otra vez y adquiere vida propia.

Nadie ha dicho que sea fácil contar historias. Pero sin lugar a dudas, cualquier escritor te dirá que lo más difícil es encontrar una línea de apertura y una línea de cierre, o sea, cómo empezar y cómo acabar.

AJ

Así que, si descubres que te estás rompiendo la cabeza tratando de hallar el final adecuado, aunque lo tengas todo a la mano, y para ti claro, no te sientas solo. Nos pasa a todos. Incluso saber qué mensaje quieres llevar no garantiza que puedas articularlo fácilmente.

No debe ser obvio, pero tampoco demasiado abierto u oculto. El llamado a la acción final puede ser explícito o implícito, o lo que es lo mismo, aparecer o solo quedar sugerido. La fórmula que aplica para algunas historias puede no aplicar para otras.

No obstante, hay tres aspectos distintivos que debe contemplar el final de una historia.

Primero: debe haber un claro resultado, qué se logró al final.

Segundo: es necesaria una reflexión sobre ese resultado. No basta con que sepamos qué se obtuvo al final del relato, cómo terminó la confrontación, sino qué reflexión o mensaje nos deja, qué nos revela, qué aprendimos de todo esto, sea mucho o poco.

Tercero: esa reflexión debe motivarnos, inspirarnos, contener un mensaje. Quiero que mi público objetivo se vea reflejado de un modo u otro en esta historia.

En storytelling lo importante no es la información en sí sino su impacto emocional, la descarga empática. Esto nos obliga siempre a cerrar una historia con un mensaje inspirador.

El cierre de un relato es esencial para que se quede con nosotros. Hay cierres brillantes que levantan una historia que hasta ese momento no parecía ir a ninguna parte.

Y sobre todo, debe involucrar a la audiencia. A veces, la reflexión final en boca del personaje es un claro cierre, lo que llamamos la revelación de la historia.

Otras requieren que forcemos las cosas un poco más allá y hagamos más patente a la audiencia que la historia tiene que ver con ellos, moverlos a la acción.

Pero también algunas de las peores fallas en las que caemos en storytelling de negocios es forzar esas acciones con propuestas de venta, lemas, eslóganes repetitivos y mensajes corporativos que ya sabemos que no calan a nivel humano, pero que todo el tiempo nos exigen nuestros jefes y clientes.

Hoy es muy común que la marca u organización no aparezca hasta el final, cuando la historia concluye. Lo primero es la historia, enganchar con ella. Solo después aparece el emisor del mensaje.

Lo primero es conectar a nivel humano, y lo último, al cierre, es sellar esa conexión con un mensaje que no nos deje indiferentes, un cierre que nos arranque la risa o la lágrima, o por el contrario nos emocione sutilmente.

Lo que no puede es dejarnos indiferentes, porque la olvidamos. Y las buenas historias, ya lo sabemos, son las que llegan para quedarse. Para que esto suceda, el tercer acto de toda historia debería contener un resultado, una revelación y un mensaje.

Como veremos en el próximo capítulo, estas tres partes integradas, a veces en una misma línea, son la clave de un tercer acto completo y un cierre perfecto.

Así también, toda historia bien contada se atiene a esta regla de tres por tres. Tres actos con tres movimientos cada uno. Y eso es lo que sigue, nuestro capítulo de cierre, el tercero.

Este contenido es parte del curso de storytelling en línea. Te invitamos a revisarlo.

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