En el centro de toda historia hay un conflicto o situación a resolver. Ese es el eje sobre el que se mueve el segundo acto de la historia. Una manera de plantearnos la estructura en tres actos es:

1. Personaje

2. Conflicto

3. Mensaje

Aunque usemos el término conflicto o crisis central, el desarrollo de una historia, la confrontación entre el protagonista y el antagonista no tiene que generar un conflicto entre las partes. El conflicto de la historia muchas veces ni siquiera tiene que ver con enfrentamiento entre personajes, mucho menos en comunicación de negocios.

Más bien se trata de la manera en que el protagonista confronta la situación a resolver, la tensión interna o externa a resolver, obstáculos y antagonismos, que no tienen que venir del exterior o de otros seres humanos.

Imaginemos, por ejemplo, que esta situación sea una enfermedad, o alcanzar un objetivo de negocios, o competir en una carrera. En muchas historias el enfrentamiento del protagonista es consigo mismo, sus dudas, sus miedos, vicios, o la necesidad de actuar y pensar diferente para alcanzar su meta.

En el centro de toda historia hay un conflicto o situación a resolver. Ese es el eje sobre el que se mueve el segundo acto de la historia.
Náufrago (2000)

En cualquier caso, lo que no puede faltar en la historia es esa confrontación contra la adversidad, aquello que se interpone entre el personaje y sus objetivos. Así, el conflicto de la historia, en el centro del segundo acto, se expone casi siempre como avances hacia una meta, los pasos hacia el desenlace, el desarrollo de los acontecimientos en pos de un ‘objeto de deseo’.

O sea, los esfuerzos por resolver la situación planteada, aunque solo sea en la mente de la audiencia, el despejar la incógnita, movernos hacia un resultado, hasta llegar a entender, o prever una resolución y un descubrimiento final.

Es importante enfatizar que sin conflicto no hay historia. Los avances hacia una resolución del conflicto, expuesta a través de la confrontación entre un protagonista y sus antagonistas es el eje sobre el que gira la historia. Pero, como ya hemos dicho, el antagonista no tiene que ser un personaje de carne y hueso.

El desarrollo de toda historia se centra así en sus esfuerzos por vencer obstáculos o antagonismos y alcanzar una meta, un propósito del que el protagonista puede estar más o menos consciente. A veces el personaje central de la historia ni siquiera entiende el alcance de sus esfuerzos, o por qué y para qué realiza una acción, pero esto puede hacer aún más interesante cualquier relato, porque la audiencia puede ir descubriendo con él hacia dónde lo llevan estos esfuerzos.

En otras historias, hay un claro planteamiento inicial de cuál es el objetivo trazado o lo que se pretende demostrar o alcanzar con las acciones de los protagonistas, o el héroe de la historia. Pero antes de seguir adelante, este es un buen momento para establecer una diferencia importante entre dos personajes cuyo papel tiende a confundirse.

El héroe y el protagonista pueden ser uno y el mismo en muchas historias. Sobre todo en las historias heroicas, al estilo de Beowulf, Hércules, o El Mío Cid, personajes que están en el centro de las grandes epopeyas y mitos fundacionales de las naciones.

Pero pueden también ser dos personajes diferentes. Y es muy común que en el storytelling de negocios haya una clara división entre el protagonista y el héroe de la historia. Pongámoslo así para simplificar el asunto:

en nuestro storytelling relacionado con marcas y negocios el protagonista es a quien le pasan las cosas más importantes en la historia; el héroe es quien hace que las cosas pasen.

AJ

El protagonista está en el centro de los acontecimientos del relato, mientras que el héroe puede incluso no aparecer en el relato, pero es quien mueve los hilos ocultos de la historia, quien ayuda al protagonista a alcanzar su meta. Esta distinción es muy importante, porque como veremos en otros ejemplos más adelante, en muchas ocasiones el protagonista de una historia es el usuario, mientras que el héroe es la marca o la organización.

Pero, sin importar si la resolución de la historia se da por esta vía mágica de Apple, el storydoing de Coca Cola, o la temeridad de los chicos de Red Bull, siempre, invariablemente, en toda historia, tiene que haber una lucha, un conflicto entre fuerzas opuestas, y los avances hacia una meta, a eso llamamos confrontación o conflicto, el tercer movimiento, o etapa de las cinco que conforman el arco dramático.

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