Sí, pero no…

 

Subo las escaleras eléctricas del metro Insurgentes, línea ocho, y veo un anuncio en la pared. Me hace reír. Bajo de vuelta y le tomo una foto. 

Llevo tiempo diciendo a mis estudiantes: ojo con eso de que una imagen vale más que mil palabras. Mucho menos que una imagen cuente una historia, sin palabras.

Ahora tengo ante mis ojos un ejemplo muy concreto de cómo una imagen puede contar una historia. ¿Podré usarlo para demostrar mi tesis?

La primera evidencia de que la imagen ha terminado por formar una historia en mi mente ha sido mi reacción, la interacción emocional con lo que esta propone.

Hasta ahora me había costado trabajo explicar todo el asunto de los memes, por ejemplo, y qué los hace tan populares —y eficaces— en el presente. ¿Cuentan una historia?

En la publicidad del metro, como en los memes, las palabras están dentro del encuadre. Dicen: “Estás a una estación de bajar esa papadita de rana”.

Para que una imagen cuente una historia tiene que conjuntar tres elementos imprescindibles: un personaje, una situación o asunto que confrontar, y una (propuesta de) solución.

1. Aquí el personaje es cualquier usuario del metro (yo en este caso), que he reaccionado al anuncio.

2. La situación a confrontar, problema a resolver, premisa a demostrar: Tu papadita de rana, obesidad real o percibida.

3. Solución: Un gimnasio junto al metro Mixcoac, línea 8, expresado en un número de teléfono y el llamado a la acción: visítanos.

Y así se han integrado y conjuntado los tres elementos necesarios para armar una historia.

Una fotografía, ilustración o símbolo en sí —por muy conocido o impactante que sea— no cuenta una historia en tanto no la pongamos en contexto. La función de un pie de foto, o un texto integrado en una imagen, como en los memes, es darle un contexto a la imagen ubicarlo en un tiempo y espacio, relacionar, relatar, referir.

El resto lo hace uno mismo. La combinación de imagen-palabras puede construir al instante un mensaje. Al interactuar con la audiencia, el personaje, tú —que aportas los antecedentes o información previa sobre el asunto— todo se integra en un relato.

Y así la historia se forma en tu mente, que es donde se gestan y nacen todas las historias.


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