'Debemos preguntarnos: ¿cómo diseño historias que produzcan grandes experiencias de usuario?', insiste Adam Westbrook, contador de historias y autor de varios videos creativos, en el siguiente texto que consideramos necesario traducir del inglés por sus valiosas aportaciones.

Hay un grandioso momento en el tercer acto de la película biográfica Hitchcock (2012). Es la premier the Psicosis (1960), casi en el momento de la famosa escena de la regadera. Hitchcock—encarnado por Anthony Hopkins— espera en la estancia del cine, la oreja pegada a la puerta de la sala cinematográfica, por la reacción del público.
De repente se escuchan esos emblemáticos chillidos de cuerdas y la audiencia empieza a gritar. Hitchcock hace ademanes de director de orquesta, anticipando cada suspiro y cada grito.
Sale caminando, satisfecho.
Esto es representativo de la extraordinaria habilidad del director para controlar la reacción de su audiencia. Lo llamamos el Maestro del Suspenso, pero en realidad era el maestro de algo mucho más interesante, que más de medio siglo después hemos denominado la experiencia de usuario.
Es un término que define la relación interactiva de un consumidor con una interfaz, sea aplicación, sitio web o cosa material. Cuando nuestras historias se materializan con estas características, los contadores de historias debemos conocer muy bien dicha experiencia de usuario.
Cuando se trata de historias informativas, nos concentramos en diseñar una narrativa que enganche a la audiencia y los lleve a clímax cargados de poder, en vez de sólo diseñar un esquema lógico de datos.
Con cada escena y, más profundamente aún, con cada paso que daba cuando diseñaba los acontecimientos, Hitchcock se ponía en la mente de la audiencia. ¿Cuántos periodistas hacen esto en ficción y no ficción al crear sus historias? Puede parecer injusto comparar a un icónico creador de suspenso con la escritura en páginas web, pero estoy convencido de que en un mundo virtual lleno de ruido y complejidad, estamos obligados para con las audiencias a la producción de historias que sean algo más que productos extraídos del molde de la añeja pirámide invertida.
*Hay que aproximarnos a las historias con el llamado design thinking*
 
Se trata de un enfoque metódico, objetivo y disciplinado para acercarnos a un problema de diseño: definir con claridad el reto, crear soluciones múltiples, escogiendo entre las mejores, y ejecutando.
Combinar esto con el entramado de las historias, tiene como resultado un process que inyecta su disciplina en el proceso narrativo, removiendo efectivamente las conjeturas. El problema del diseño radica, pues, en identificar y exponer el mensaje de nuestra historia de manera que resulte lo más memorable posible.
*El proceso*
Empieza por identificar el problema, que es en el caso de la narrativa: ¿De qué trato de convencer a la audiencia? En este ámbito esto se conoce como la idea controladora, y es—lo digo por experiencia— la parte más complicada del proceso. Hay que destilar y refinar una idea compleja y sintetizarla en una esencia simple y a la vez cargada de significado. Un abogado dijo una vez: ‘Trata de decirle diez cosas a un jurado, y no les habrás dicho ni una.’
Nuestra meta como contadores de historias es llevar a las audiencias al profundo entendimiento de la manera más interesante posible. En una historia bien diseñada, se alcanza esto durante el clímax (véanse en Hollywood helicópteros explotando para crear un significado explosivo).
Así, tejemos múltiples soluciones para resolver el problema, con un entendimiento sólido de las técnicas narrativas.
Los mejores contadores de historias de ficción y no ficción, desde John McPhee hasta Rebecca Skloot o Vince Gilligan han considerado este esquema como crucial para su diseño. En este video explico la creatividad y sus implicaciones hoy en día.
En la siguiente foto, en naranja, se encuentran los sucesos de la historia, apuntando lentamente a un clímax con un orden intencionado. Debajo, en rosa, trazo lo que pienso que será el estado mental de la audiencia para cada escena. ¿Qué saben? ¿Qué no saben? ¿Qué quieren saber?
Exponer una idea inicial resulta muy sencillo, pero retarte a ti mismo pasado este punto es una disciplina necesaria y parte fundamental del design thinking. Este compromiso lleva a una reiteración (arriba), la que se utilizará eventualmente en la película. Nótense el pico y la caída de estructura, un plano de los matices de intensidad emocional a lo largo de las etapas.
Objetivizar la narrativa permite crear historias intencionadas y facilita la aplicación de herramientas narrativas específicas minuciosamente. También mantiene nuestras ideas organizadas y evita que salgamos del camino. Todo esto es esencial para las historias largas y complejas. Y sobre todo, permite que escojamos un viaje que impresione, entretenga, confunda y cautive a las audiencias, con uno o varios mensajes reveladores.
 
*El trabajo duro*
En story design, hay cuatro pasos para crear narrativas intencionadas que conduzcan a la audiencia por un viaje atractivo, hacia un clímax cargado de significado, sin importar la técnica utilizada.
Pero es un trabajo arduo y en extremo difícil de dominar. En artículos, videos, podcasts y libros tardará más y será más costoso.
De manera que no espero concebir el story design como algo utilizado en todas las empresas y medios. Por el contrario, lo veo como un proceso valioso y replicable para los artistas y pequeños medios comprometidos con la calidad por encima de la cantidad, aquellos que consideran verdaderamente el arte de contar historias como merecedor de disciplina.
Es un enfoque que lleva tiempo, pero que tiene como resultado la creación de historias intemporales.

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