El otro día mi hijo de siete años me preguntó en el trayecto a la escuela: ¿Pa, qué es bullying?, y enseguida, ahora no sé por qué, me vino a la mente El patito feo. ¡Lo tengo! Un buen ejemplo: —¿Recuerdas el cuento del patito que todos maltrataban por feo?

Mmm… Nope, entre todas las historias que su madre o yo habíamos elegido contarle hasta ese momento, o leerle, no estaba El patito feo. Traté de pensar rápido y me di cuenta, más rápido aún, que no me quedaba más remedio que prepararme para una larga, árida y, muy probablemente, aburrida explicación sobre el maltrato y el abuso, ahora finamente llamado ‘bullying’ y reconocido como un gran problema en la infancia, sobre todo en el ámbito escolar. Pero ahí estaba Alicia (en el país de las maravillas) para recordarme: “Sólo cuéntame las aventuras, las explicaciones toman taaaaaaanto tiempo”.

¡Las cigüeñas! otro clásico de Andersen. Tampoco. Quizá Cenicienta… para un varón el asunto de si existen o no los príncipes azules no es problema —espero—, pero que se enamore de una cenicienta… ¿Qué le hemos estado leyendo a nuestros hijos últimamente? Me quedé en silencio buscando por dónde empezar: quería ser claro y conciso en mi explicación, lo cual, en ocasiones, me resulta tremendamente difícil, y a cualquiera. Hasta que la voz de mi hijo llegó de nuevo  —quizá por tercera o cuarta vez— a sacarme de mis cavilaciones: “Paaaa, ¿qué es bullying?”

El tiempo que nos quedaba para llegar a la escuela no sería suficiente para responder su pregunta como debía ser. Pero, además, sabía que incluso si mi explicación  era buena, con ella no lograría que asociara sus propias emociones con el tema —a menos que él mismo estuviera siendo objeto de bullying. Sin un cuento, no podía hacerlo sentir esas emociones, que las viviera y las asimilara, que se identificara con ellas.

Ahí va, ahí va, dije. Para reconocer al instante, de nuevo en silencio que no, no iba por ahí la cosa. El patito feo definitivmente lo explicaría mejor que cualquier ‘explicación’. Le dije que estábamos a punto de llegar, ya no teníamos tiempo, peeero, prometí, en la noche respondería a su pregunta.

Dejé a mi hijo en la escuela y, antes de empezar la jornada busqué el cuento en Internet. La primera página que arrojó mi búsqueda me llevó a uno de esos sitios hechos para poner publicidad a toda costa, que suben cualquier contenido popular para vender algo de Walmart, plagado de errores ortográficos y sin matices. Lo cerré y busqué en otro lado. Al final, verifiqué que el cuento estuviera en un sitio llamado Ciudad Seva, que ha recuperado con toda seriedad muchas de estas historias (desafortunamente sin ilustraciones, que tanto funcionan para los niños). Y sí, ahí lo encontré.

El fin de semana nos fuimos a un hotel en playa Maroma. Al parecer mi hijo había olvidado el tema —al menos por el momento—, pero yo no: si un niño no identifica, él mismo, algo tan sencillo como que está siendo víctima de abusos y malos tratos por sus compañeros, maestros, incluso por alguien de su familia, difícilmente pueda declararlo y transmitirlo. Así que, después de dormir a su hermano más pequeño, de tres, mientras él jugaba Minecraft, insistí en que leyéramos juntos un cuento nuevo.

Siguió la historia de punta a punta, siempre lo hace. Después del típico intermedio de silencio, le pregunté si le había gustado. Me soltó un ajá sin mayor entusiasmo y una propuesta. ¿Pa, sabes lo que haría si me encontrara con el patito feo? Le pregunté y me dijo. No tenía mucho que ver con el bullying su reacción, quería proteger al patito feo. Era algo natural; nunca se pondría en la piel de quienes hostigaban a su sufrido protagonista. Pero había entendido.

Entonces le pregunté si ahora sabía lo que era bullying. Y lo tenía más que claro, así en español: maltrato y abuso. Ha existido siempre, no es un fenómeno nuevo, ni particular de las escuelas, ni de ningún entorno específico, es una actitud humana generalizada, y ahí está, por supuesto, como todo, en los cuentos infantiles, esos que ya muchos hemos dejado de leerle a nuestros hijos.

Peeero, aquí va lo más interesante: El patito feo ni siquiera es una historia de o sobre el bullying, es algo en apariencia mucho más sencillo: todos llevamos un cisne dentro, que un día va a salir, y el mundo va a ver cuán hermosos somos.

Janis Ian, la cantautora que a los quince años estremeció al mundo (de habla inglesa) con su Society’s Child, y luego se convirtió en un icono con At Seventeen y lo que significaba a esa edad descubrirse relegada, desplazada, ‘inventándose amantes al teléfono… When dreams were all they gave for free, to ugly ducking girls like me“, el patito feo, la adolescente cuestionada, la sexualidad conflictiva que terminó erigiéndose en una de las cantautoras más admiradas de Estados Unidos, hasta hoy…

 

 

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