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En una nube

andresjorge-smallStorytelling es hacer publicidad orgánica —como debió siempre ser—, es contar historias que la gente quiera compartir, es emocionar a los demás con lo que nos emociona, es saber decir, de forma natural y amena, quienes somos, qué ofrecemos y por qué importa.

Desde noviembre de 2014 estamos en una nube; fue la primera vez que impartimos un curso de storyelling para una empresa.

Hasta entonces, habíamos capacitado a muchos periodistas y comunicadores, pero nunca antes colaboramos con quienes se encargan de decirle al mundo para qué sirve su negocio, cuál es su propuesta de valor.

Y ha sido un éxito gratificante, adictivo, demandante e  inmersivo compartir nuestra experiencia con el mundo empresarial y convocar y guiar en este cambio de paradigma que ocurre a nivel global.

En esta nube todo es antiguo y es nuevo a la vez. Contar historias ha sido siempre la herramienta de comunicación más poderosa y natural, pero en la era de internet y los medios sociales el entorno cambió, también para siempre.

Los términos en esa nube hoy son

marketing emocional, periodismo de marca, marketing de contenidos, experiencia de usuario, contenido generado por el usuario, marketing digital, redes sociales, publicidad orgánica, discurso vs. conversación, contenido líquido, mercadotecnia de atracción/inbound marketing, publicidad endémica, contenido útil, publicidad nativa, shareability, y muchos otros, en constante evolución.

Y en el centro de todo eso, en nuestra nube, lo que hoy da vida y mejora la comunicación de los negocios, es el

Storytelling

o sea, contar historias que la gente quiera compartir.

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inspiracion

INSPIRACIÓN

  • Cuando contar historias sale mal en una sociedad, el resultado es la decadencia

    Aristóteles
  • El universo está hecho de historias, no de átomos

    Muriel Rukeiser
  • Las historias son un arsenal para la vida

    Kenneth Burke
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CONTAR HISTORIAS

La primera historia que escribí terminó como envoltorio de una pizza. La compré en uno de aquellos ‘restaurantes’ de terminal de autobuses de Cuba, años ochenta, tras una fila muy larga y una espera famélica e interminable. Cuando me la sirvieron, por plato lo que tenía eran dos hojas de papel con algo que acababa de escribir a mano parecido a un cuento, Para matar el tiempo. Extendí las hojas sobre mis palmas abiertas y ahí la depositó el mesero. La grasa de la pizza se pegó en el papel y la tinta dibujó algunas líneas, frases y palabras en el disco de harina a medio cocer.

Aún no sabía que iba a ser escritor, no estaba consciente de que era mi destino atestiguar, dejar una huella escrita de mi paso por la vida. Me descubrí comiéndome partes del cuento. Al final tuve que desechar el envoltorio. Eso fue hace treinta años. Sigo escribiendo historias, devorándolas, por partes o enteras, las mías y las de otros, escuchando, desechando envoltorios, siendo testigo, tratando de atrapar los patrones de la vida en figuras discernibles, que lleguen a otros seres humanos…

Ahora también comparto el oficio, la experiencia acumulada. En la Era Social es imprescindible para cualquier ser humano, institución, marca, entidad, gobierno, comunidad aprender a contar historias, explicarle al mundo su razón de ser y de estar acá, entre nosotros, deshacer otros envoltorios, extender las manos abiertas y abrirnos de forma genuina, ser humanos.

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